La familia es la familia

24 Sep La familia es la familia

El viernes pasado llegué pronto a la biblioteca de La Pobla de Farnals.

Teniendo en cuenta lo impuntual que puedo llegar a ser, aunque no me lo proponga, es toda una señal. Una señal de que aquel día tendría tiempo de saludar a las bibliotecarias, de hablar también con el camarero del bar de al lado, de comer algo y hablar, esta vez, con una mujer que también estaba en el bar y que me miró pensando que ya me conocía de antes.

-¿Y qué cuento les vas a contar?- me pregunta el camarero. Y yo, que en ese preciso instante estoy engullendo un estupendo bocadillo de lomo con queso, pienso que en realidad, no es una mala pregunta.

A veces pienso que si nosotros como narradores/as fuésemos árboles, la historias que contamos serían las raíces que conectan quienes somos -como narradora y como persona- con la tierra, de forma que sin buenas raíces no se puede ser árbol ni se puede contar sin tener una historia. Pero a veces es tan dificil saber qúe quieres contar, cúales son tus raíces. Y  además no es una cuestión tan solo del tema que tratas en la historia, sino cómo lo haces o cuál es tu voz, que se suele decir.

Todo eso no se lo dije al camarero. -Si lo quieres saber, tendrás que venir a escucharlas.-

Justo antes de empezar, escuchando la presentación de todos mis méritos como narradora se me metió en el cuerpo cierto sentimiento de cristiana culpabilidad. ¿Y si no lo hago bien? ¿Y si a la gente no le gusta? Porque nada, absolutamente nada te puede salvar en aquel momento (aunque vale, reconozco que el trabajo previo, el talento, si tal cosa existe y el oficio te pueden ayudar) y sentí el peso de todas las expectativas del mundo. Quiero decir que contar es cada vez la primera y la única y cualquier cosa podría pasar. Yo tampoco sé lo que pasó exactamente aquella noche. Sé que alguien se rió, alguien se emocionó y también alguien se quedó dormido. Qué sentirían en el fondo de sus corazones, no tengo manera de saberlo. Pero yo me fui tranquila, en aquel momento, aquella era yo. Y puede que mi árbol no fuese ni muy grande ni muy espectacular, pero estaba allí y era el mío.

Cuando acabamos la gente no acababa de levantarse de la silla. Y hablamos de la verdad y la mentira y de su extraña relación con la ficción. Entre el público había una mujer -precisamente la que afirmaba que me conocía de antes, sin que esta afirmación fuese del todo cierta aunque tampoco mentira- que manifestó, para sorpresa y goce de todos los presentes, que la protagonista de una de aquellas historias era su prima.

Y es que así es mi familia (al menos la de las historias), la que vive en un tiempo enraizado en el pasado -esto pasó de verdad, buscadlo en el google- pero en un pasado que está vivo porque no deja de recrearse, de transformarse. Un tiempo cíclico, que vuelve a empezar cada vez que miro al público, respiro y digo…” a mí me encanta cambiarme de casa”.

 

Una foto de la familia de aquella noche.

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